martes, 10 de junio de 2008

Filosofía barata en la hora de epistemología


La mancha de la pared parecía un narigón de perfil. Pero no se lo comenté a mis compañeros como siempre hacía cuando encontraba formas graciosas en simples manchas o marcas de vino en las pálidas mesas. Esta vez callé respondiendo a un planteo personal de simples premisas. Quería llegar más allá de la broma, del comentario, de la molestia en pleno discurso del profesor de epistemología. Quería llegar a la inmortalidad con ese boleto gratis que me ofreció mi humilde e ingenua imaginación. “¿Qué existe?” - Me preguntaba mientras tocaba mis apuntes corroborando que estaban ahí – A esta altura de mi vida, me puedo regalar la posibilidad de creer que la existencia se limita a la contemplación humana de las cosas, o sea a la mía y a la de los demás. Pero, si algo existe para mi y no para los demás, soy el único motivo de su existencia. Ergo, ese narigón de perfil existe por mi imaginación y por mi falta de interés en epistemología, por eso voy a callar, para que cuando muera mi cuerpo, la presente existencia de ese narigon justifique la futura existencia de algo que sobreviva en mi para darle valor al ahora. El futuro justificado por el presente. Yo dándole vida a una mancha del pasado estando muerto. Algo mío va a tener que permanecer, si fuera desapareciendo lo que existe junto con la humanidad que lo cree existente y lo usa para vivir en una realidad, viviría en un cuadrado de un metro, con el pito parado, hambre, frío sueño y sed.

1 comentario:

sun dijo...

dudo que en epistemología lean a descartes, pero se nota su impronta en tus palabritas. y volviste, volviste con todas las luces. brindo por ello pues. y permitime el siguiente fragmento..



"y así me había encontrado con la maga, que era mi testigo y mi espía sin saberlo, y la irritación de estar pensando en todo eso y sabiendo que como siempre me costaba mucho menos pensar que ser, que en mi caso el ergo de la frasecita no era tan ergo ni cosa parecida, con lo cual así íbamos por la orilla izquierda, la maga sin saber que era mi espía y mi testigo, admirando enormemente mis conocimientos diversos y mi dominio de la literatura y hasta del jazz cool, misterios enormísimos para ella"