jueves, 24 de julio de 2008

Fiebre de sabado por la noche


En esa época leía a Bukowski y a Henry Miller. Nunca entendí por qué lo hacía, quizás me atraía que me ayuden a pensar con palabras como “hipódromo” “prostitutas” o “Whisky”. Me causaba cierta gracia (pero esa gracia que no hace reír) que las traducciones me dejen palabras como “coño” que nada tenían que ver con lo que debían hacerme figurar. Es muy inofensiva y superficial (o así la siento por cultura seguramente) y me traía a la mente a la vagina tan separada de la mujer, que mas parecía un cepillo o algo que se puede recibir en una caja por correo entre telgopor y cartones ideales para dibujar.
La fiebre me estaba comiendo y perdía el hilo de mis pensamientos. Pensaba en futuros mecanismos de traducción tecnológicos por teléfono por ejemplo. Creo que no va a faltar el tipo despierto de ciencia que se de cuenta de que las palabras en los cables pierden mucho el tiempo y no se someten al peso de “ser”; es una picardía señores, pues les sobra el tiempo para la metamorfosis. Imaginen un “Hello” filtrado de aliento en un tubo de Nueva York que llegue a Montevideo como un impecable “Hola” (respetando las mayúsculas por más que los cómodos abusadores de la costumbre no lo noten)
Cuando enfermo mi corazón late muy rápido, grave y fuerte…de alguna manera me gusta pues imagino un bombo o un parlante interior, algo mucho más prolijo que el enchastre que seguramente hay. Hasta por ahí lo del cable traductor ya opera en mi cuerpo, lo que con un mal funcionamiento explicaría confusiones tan evidentes como las que tienen mi pene-cerebro, manos-voluntad, pies-equilibrio, etc. A Miller no lo termino de entender creo…si hay algo que entender…pero me gustan sus metáforas musicales, hasta he violado páginas con una suerte de "buscando a Wally" para llegar a un divino “El caos es la partitura en que se escribe la realidad” y cosas así.
Recuerdo que mientras me despegaba las sábanas pensé “¿cuando no sea esto, que voy a ser?”, pero no pensaba en la muerte, sino en la esencia, la energía, las semicorcheas de corazón grave y la luz apagada.
La única conclusión que saqué ese día de tos y fiebre fue que la gran ventaja de estar enfermo es que no podés ir a limpiar pingüinos empetrolados, porque los podrías contagiar. Es un buen paso para iniciar pensamientos y lecturas con un punto menos de culpa sobre el mundo y un punto más de pureza intelectual.

3 comentarios:

Red Pèrill dijo...

Es que leer rato o pensar demasiado entre semana es pecaminoso en cuanto a costumbre, cuanto más crezco más me ahoga y más me doy cuenta, vomitaría sordamente, un despacio vacio de burbuja para poder escuhar nítidamente regurgitares, mantras, mocos, espesura de alma que se frota como cuando un gato tal, pero ni eso... (equilibrismos)

Red Pèrill dijo...

Cortázar te poseyó, amigo (se puede llamar al otro lado?)

sun dijo...

el final me parece sublime.